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jueves, abril 02, 2009

Yo aposté y gané!!!




Cómo hago para no ser sobrador, no ser soberbio, no agrandarme si no me canso de ver una y otra vez cada uno de los seis goles que le hicimos a la Argentina. Fue un día histórico e inédito seguramente, pero talvez “bañitos de humildad” sería lo que podrá explicarles a los renombrados periodistas argentinos, que no lo pueden entender, y siguen buscando en factores externos las razones, el de siempre, la altura o nuevos como el horario, el calor, etc.

De repente Botero hizo mortal a Maradona, Maradona hizo técnico a Mancuso y Messi no fue más el 10! Todo se borró, todo se perdió en el aire paceño con cada grito de gol de esas 40.000 almas en el estadio, y seguramente de miles más en todo el mundo.

Bolivia, como siempre, cuando nadie da un peso por ella, resurge y pone a vibrar a un país, y más aún, pone en duda a una estructura política, deportiva e histórica en Sudamérica. Imposible no traer a la mente esa tarde de eliminatoria de 1993 cuando Brasil perdía su invicto en los pies del Diablo Etcheverry ¿se acuerdan?





Hoy hablando con alguien, me decía que en el estadio viendo gol a gol el triunfo de los nuestros se acordaba de ese momento, “hoy solo ganamos un partido, esa vez ganábamos la clasificación”, fue lo que me dijo, y yo me quede pensando y no, no fue así, esa vez también ganamos un partido solamente, era la segunda fecha de una eliminatoria que recién empezaba.

Hoy esta victoria, al igual que la conseguida ante Paraguay (4-2), o el empate ante un Brasil, que es cierto de Brasil solo tenía el nombre, la camiseta, y la cancha (0-0), nos demuestran con números, y en papeles que con nuestras limitaciones técnicas, no somos menos que nadie, es solo cuestión de actitud, señores, de creer en nosotros.

Mi condición de residente boliviano en la Argentina me permitió hoy escuchar muchas pachotadas, palabras, frases armadas claramente desde un orgullo dolido de alguien que fue vapuleado y golpeado de un modo tan “humillante”, porque lo hace más humillante aún el hecho que hace semanitas atrás, un grupo de ignorantes desplegaran banderas tricolores en un estadio argentino para mofarse de los del frente, para disminuirlos y ningunearlos, ahí está su respuesta, les ganamos, y muchos de esos imbéciles de la cancha de Independiente querrían sentir hoy este orgullo, esta dicha de ser bien boliviano.



Es el post mas largo que escribo y pido disculpas, no es mi estilo hacerlo, es que hay tantas cosas que quiero decir hoy que se me hace imposible ser corto y concreto. Quiero también contarles a los reconocidos ignaros del micrófono y opinólogos por profesión, que Bolivia no dispone el horario de un partido, el horario lo ponen las empresas de televisión hace muchos años y que el clima en La Paz no supera los 30° excepto con una catástrofe climática, también que nadie ha muerto en la altura en toda la historia del fútbol, y puntualmente quiero responderle, aunque nunca lo lea, al estúpido del prepador físico argentino, (copio el nombre porque no creo que lo conozca ni su señora madre, Fernando Signorini) que la sonrisa de los bolivianos que vio al salir del estadio eran, sí, de una alegría inmensa, pero que esa alegría es constante en nuestro pueblo, porque no necesitamos un título mundial para sonreir, nuestra rica cultura no gira alrededor de un pelota, y espero haya guardado esa sonrisa en su mente porque sin duda es la más pura y sincera que habrá visto, y ¡NO! no se la regalo usted señor, como dijo en la radio, esa sonrisa se la regaló él o ella mism@, cuando decidió gastar entre 100 y 300 bolivianos, en el país más pobre del continente, para poder ver a sus ídolos mundiales (Messi, Tevez, Mascherano y demás estrellas), jugando de tú a tú contra sus ídolos locales (Botero, Martins, García, etc) y se llevó además en sus retinas, de regalo por el esfuerzo que hizo, un momento histórico, cuando los de verde se pasaron por encima a sus ricos años de historia futbolística y sus millones de Euros!

Yo aposte a Bolivia y gané un simple almuerzo en medio de un silencio y la atónita mirada de mis compañeros (lo digo con orgullo, más que con soberbia), hagamos lo mismo, no creamos en los nombres y/o hombres, estos pasan y cambian, siempre fue así, creamos en nosotros, y en nuestra verde de la esperanza.