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sábado, noviembre 21, 2009

Soñar, Creer y Querer...

Qué se puede agregar a lo que ya hemos escuchado, a todo lo que se ha dicho de la presencia del Bolívar en tierra europea. Tal vez podríamos solo encuadrar este post en el sentimiento que nos generó ver a la hermosa camiseta celeste luchando una pelota, mostrando su juego a lado de, seguramente, dos de las más representativas camisetas del fútbol mundial.

Ver el escudo de la academia frente al del Real Madrid, y del Barcelona hace que sea imposible no soñar. Sí, es hora de admitirlo, alguna vez pensé que iba a despertar a la mañana bien temprano para ver a mi Bolívar disputando la antigua Copa Intercontinental, el miércoles 18 de noviembre del 2009, me volvió ese sueño tan intacto como cuando tenía diez años.

Ya lo he dicho en este blog un par de veces, el boliviano solo tiene que creer en sí mismo, no podemos conformarnos con poco, aún nos falta mucho camino por recorrer. Pero el impacto visual que quedo luego de la gira, a mí me ilusiona en seguir creyendo.

Yo vi a mi Bolívar jugar una final sudamericana contra uno de los más grandes clubes del mundo, ahora quiero verlo ganar, quiero gritar campeón, quiero viajar al otro lado del mundo y ver la Celeste codo a codo con los campeones de cada continente.

Si, ya lo sé, se me dispararon los sueños que tenía guardados, ese amistoso con el Barcelona, fue un simple entrenamiento, de lujo, con algunos jugadores del primer mundo, pero también creo que debe ser un disparador de factores, para que se acomoden y pongan a toda la comunidad académica alineada con este sueño.

Seguramente la base de esta lógica no es un descubrimiento mío, este sueño lo tuvo Don Mario Mercado, y seguramente los verdaderos referentes del club, como el gran Valdi Soria, el zurdo López, Fernando Salinas (por nombrar algunos), también lo tuvieron, y sin lugar a duda cada uno de nosotros alguna vez lo ha sentido como propio.

Ya no tengo diez años, y ahora aunque entiendo, y se, cómo se manejan muchas cosas en el mundo, por ejemplo: las ilusiones de las personas, aún así creo, y quiero seguir creyendo. Ya no como una utopía si no como un objetivo tangible.

viernes, noviembre 06, 2009

Racionalmente loco


Y aquí estamos, parados una vez más en ese límite, aquella vieja línea que delimita lo que se debe de lo que se puede, la que dice hasta aquí y la que desafía a cruzarla con su demarcación. Ese límite que nos pone en la disyuntiva de, lo cobardes que podemos llegar a ser por no atrevernos a saltarla, o lo valientes que nos veríamos atravesándola con un salto.

La misma línea que con el tiempo se hace más visible y menos desafiante, nos tiene enmarcados en un contexto de dudas, de miedos, de desapegos y nos envuelve en un manto de locura racional. ¿Locura Racional? ¿Eso es algo que existe? Lastimosamente, sí. Existe la locura impulsiva y devastadora que se ve controlada por la racionalidad cerrada y dura, y de pronto, choca en cada intento de escape y en cada choque sentimos un impacto interno que nos bloquea.

Bloqueo, un nuevo término en este relato, pero que se hará más natural con el correr de los minutos, ese bloqueo se transforma en solo rutina, un conjunto de tareas automatizadas, generalmente realizadas para sobrevivir. Y entonces volvemos a la pregunta, ¿salto o no salto? Bloqueados, imposible decidir, sumergidos en la rutina, imposible cambiar la visión del lado de la línea.

Giramos, sería el termino que empiece a surgir ahora. Damos vueltas una y otra vez sobre el mismo punto. Analizamos, nos llenamos de ambiguas dudas y por más que nos golpeemos el cerebro con ambas manos, no surgen respuestas. Las vueltas nos marean y de repente sentimos la necesidad de ser oídos, de ser claros y que nos entiendan.

Pero no hay caso, el mensaje lleva criptografía indescifrable para receptores de frecuencia modulada, si, modulada por sus ideas y sus costumbres, y sin ningún ánimo de ser modificados.
Y lastimosamente aquí seguimos, delante de esa línea, contemplándola, sin poder cruzarla. Pero, entonces me siento un momento y pienso, ¿Será que simplemente no nos van a dejar pasar? La verdad no lo sé. Yo por si acaso la quiero seguir mirando, aunque sea un ratito más, a ver si encuentro respuesta y al final del cuento la cruzo como Pedro por su casa.