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sábado, abril 16, 2011

Capítulo 1: Derbi sin deudas


Todos esperábamos con muchas ansias que empiece la seguidilla histórica del derbi español. La Liga quizás terminando con “la crónica de un campeonato anunciado”, dio inicio a los choques clásicos. Este sábado los merengues pagaron la deuda que tenían con el mundo del fútbol, nos entregaron un clásico equilibrado, pensado, con un cierre emocionante y abierto hasta el pitazo final.

Seguramente los culés tendrán la conciencia tranquila de haber sumado un punto clave para mantener la diferencia de puntos sobre su rival y sabiéndose casi campeones, pero con la bronca final de perder dos puntos que los tenían en el bolsillo con un equipo diezmado por expulsión de Albiol y la necesidad de no perder ante su gente.

Los madridistas tendrán la desilusión de haber visto como su equipo dejó oficialmente, en una gala especial, la carrera al título de La Liga. Pero con una certeza de saberse, al fin, al nivel del mejor equipo del fútbol del mundo. Mourinho de entrada aviso que su equipo llevaría su firma en el derbi, Pepe, la gran figura, y dos volantes de contención cortaron los circuitos de juego del Barcelona, utilizando ese manual del Inter campeón de Champions 2010.

Leo Messi marcó su primer gol a un equipo de Mou, CR7 anotó su primer gol al FC Barcelona. Entonces, todo empatado, todos con sabor agridulce en la boca, con motivos para sonreír, y también para llorar. Eso es lo que esperábamos este 2011, un Barcelona – Real Madrid que hablen de tú a tú. Un clásico que genere amores y odios los noventa minutos. Un Derbi que paralice corazones. Que exija al mejor Casillas y al mejor Valdés. Un partido de pronóstico reservado, de dientes apretados y con luces de los que más saben con la pelota.

Messi y Özil (desde que ingresó) marcaron la diferencia en sus plantillas. Dos penales en Bernabeú, uno sin discusiones a favor del Barza; El otro a favor de los locales, está bien cobrado, aunque pudo no haberse pitado nada y la polémica hubiera sido la misma, muy finito y con algunas dudas. Todo termino con un Pepe sereno increpando a un Messi ofuscado y un Xavi capitán por la lesión de Puyol pintado de amarillo e impotente por lo cortado que hicieron del juego los "Mourinho Boys" y una Casa Blanca con más ganas de llevarse por delante al equipo de Guardiola.

Un empate a un gol es el saldo que nos deja dos guerreros dolidos, con ganas de más, con sed de venganza y con una vergüenza deportiva a flor de piel. Justo cuatro días antes de la final de La Copa del Rey, que volverá a ponerlos “face to face” en el campo de juego.

El único partido que permitía empate, se lo quedo para sí, dividió honores, y nos brindó emociones blaugranas y merengues, que terminaron con un cerrado aplauso al final, a tiempo de decirles hasta el miércoles mis valientes…




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