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domingo, julio 24, 2011

Tiene Buenos Aires un rincón…


Ciudad que como pocas vive el fútbol con alma vida y corazón, golpeada por el descenso de uno de sus dos gigantes, recibió la final de la Copa América con la rareza de que no la jugaba la Argentina, ni Brasil, pero con un marco espectacular de paraguayos y uruguayos.

El tango de Florida y Lavalle no sanaba por Nuñez, todo era candombe uruguayo. La avenida Corrientes invadida por orientales que pintaron el centro porteño de celeste y blanco. Rojo y blanco también se pintaba el barrio de Once y el camino al Monumental. De repente la coqueta zona de Belgrano se “mixtureaba” de visitantes fronterizos a la espera de una nueva final.

Buenos Aires extrañaba la fiesta grande del fútbol mundial, desde el 87 que no era sede de una final de selecciones mayores, conocedora de grandes batallas y de la pasión rio platense, le abrió la 9 de Julio y Rivadavia a sus visitantes… El Obelisco y la Casa Rosada se mostraron a los turistas... Su hermosa Recoleta a los periodistas del continente e invitó a visitar sus shoppings, teatros y sus pubs en Palermo.

Capital Federal en medio de sus elecciones porteñas miraba de lejos la Copa América, hasta el 24 de Julio que le tocó gritar a los cuatro vientos que debió ser una sede más utilizada en el certamen, porque por muy “federal” que se decidiera presentar al torneo, Capital es el epicentro de la pasión futbolera en ese corazón Xeneize y Millonario que polariza el fútbol.

Interminable, sorprendente porque ni cinco años alcanzan para conocerla de principio a fin, la gran ciudad siempre tiene un rincón que nos sorprende para disfrutar sus “muzzas”, sus “choris”, sus “parrillas”, saborear una Quilmes y respirar fútbol, eso sí bien abrigado en esta época del año.

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