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martes, noviembre 15, 2011

“Es mi situación, Una desolación…”



Por alguna extraña razón el boliviano promedio en el mundo suele tener que remar tres o cuatro veces más que cualquier otro ciudadano para realizar sus sueños. Las comunidades grandes de bolivianos en Washington, Buenos Aires, Madrid (las más numerosas y conocidas) suelen pertenecer a la clase laburante más exigida de las sociedades. El boliviano carga consigo un par de cruces que suelen pesarnos a veces más o menos según la mochila que llevemos en los hombros. En algo tuvo que inspirarse Marciano de los Enanitos.

Si hablamos de nuestro fútbol y sobre todo de la Selección, ese equipo que nos representa a todos; No queda exenta de esta realidad. Fácil sería poder atribuirle resultados negativos a negligencias, displicencias o camarillas. ¡Pero no! Nuestro caso raya por un tema socio-cultural, y es que todo nos cuesta el doble. Defendernos, atacar, contragolpear, ganar en el último minuto, hasta viajar a la sede del partido es un periplo (Al fin tenemos un vuelo chárter, pero este triplica los tiempos de vuelo normales, no posee aire acondicionado, ni comida apropiada para un equipo de “elite”).

De repente Bolivia en cancha ajena juega un partidazo, inteligente, concentrado, rayando la línea de la perfección, pero nos pasa ese accidente que Vizcarrondo con su cabeza lo cambia por gol y volvemos a dejar caer nuestra ilusión -hecha polvo con los años- sobre la arena. A pesar de una ejecución perfecta de tiro libre de Jhasmani Campos que pega justo a las manos de Vega sobre la línea. La suerte se cambia de bando en cuatro días y Bolivia otra vez debe remontar desde el fondo de la tabla de posiciones una situación que es una desolación, como dice ese Lamento Boliviano.

Ojo, esta realidad no es responsabilidad de cuerpo técnico, jugadores, el raciocinio nos dice que tenemos un déficit de solo dos puntos, Bolivia debía tener 3 archivados en casa al terminar el 2011. Los otros 9 de los 12 ya los regalaron nuestros dirigentes hace años al aceptar este fixture, que nos obliga a comprar calculadoras antes que camisetas al empezar la eliminatoria.

Debemos reconocer que la actitud de nuestro equipo, quizás dolido desde el amor propio, por lo menos a mí (en lo personal), ha devuelto ilusiones que el Bambino Veira entre tantos otros, se llevaron en los bolsillos. El tema es que esto de que con la garra, el esfuerzo y el orden táctico -que hace tiempo un seleccionado no tenía- sigue sin alcanzarnos. Debemos cargarnos de paciencia una vez más, pero acompañémosla con coherencia por favor señores dirigentes, hinchas, periodistas, que los resultados no nos tapen la vista. Y al DT y los jugadores que el esfuerzo y la frustración no nos llenen de mediocridad, que sea lo contrario, que sea un camino en ascenso el que se está transitando.

Corramos el riesgo de pasar por borrachos y locos, mantengamos ese corazón idiota brillando debajo de ese escudo, y por sobre todas las cosas siempre que alguien vista la verde que sea con ese amor del enamorado que te jura amar por siempre, para que pronto las cosas cambien. A esta altura ya no importa que ese “pronto” sea o no sinónimo de Brasil 2014, porque ya sabemos que esto es un periplo Boliviano y el “pronto”, puede llegar a traducirse en 20 años, pero forcemos que sea por nuestra coherencia, y no por nuestra indiferencia.

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