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jueves, septiembre 20, 2012

Una mente brillante...





La sabiduría según dicta el diccionario literalmente, es - el conocimiento que se adquiere a través del estudio y la experiencia- personalmente creo que esta definición es un sinónimo exacto de Remberto Echavarría.

Desde sus inicios escogió ser un apasionado por el deporte, sus difíciles tardes de fin de semana lo encontraron con una radio de una potencia inhóspita, él, la encendía y escuchaba a “su maestro” Joaquín Carballo Serantes, Fioravanti. En sus oídos comenzó a formar su estilo. Muy joven se enamoró perdidamente del fútbol argentino, y sobre todo de Boca, creció empapándose de una cátedra de fútbol, y a sus 14 años dio su primer examen, se posó frente a un micrófono y deslumbró a toda su escuela, luego a cada oyente y se adueño del término ”Maestro”, se posicionó como el nuestro.

Así paso luego su vida, casado con el micrófono, iluminando con su dialecto perfecto e ideal a cualquier partido de fútbol, haciendo de un simple deporte una literatura, adoctrinando sin querer a un sinfín de generaciones, formando junto a Gróver ese imperio de pasión futbolera que es Radio Deporte. enseñándonos términos, describiéndonos lugares, mostrándonos defectos, regalándonos ilusiones, diciendo siempre con justeza eso que pasó, eso que vimos pero no nos dimos cuenta. El Dr. Echavarría tenía siempre la palabra justa y hasta propia de su exquisito lenguaje, para secundar el grito de gol y transformar al fútbol en una filosofía de vida.

Cada acto cerca o lejos del micrófono fue una coherencia de su sabiduría, esas sus inagotables ganas de embellecer cada cosa que veía, con palabras, letras, con su oratoria, hicieron escuela. Su insaciable sed de lectura, era el principal combustible para alimentar a una mente brillante, que fue encendida seguramente por el toque de esa varita designada para los elegidos, pero que él le fue dando mayores watts de potencia con sus casi 80 años de vida.

Capaz de mantener amistades desde sus días de colegio, entregado plenamente a la familia, enamorado perdidamente de su esposa - el amor de su vida - siendo el papá ideal, ese que da amor y la vida por sus cuatro hijas, abuelo soñado para cualquier niño, a sus nietos los malcrió con mimos inolvidables, pero sin que ellos se den cuenta los selló de por vida para que cuando crezcan, ese sello se transforme en un tatuaje de orgullo.

Paso la vida entregado a sus principios, cumpliendo sus sueños, siguiendo a su bondad, a su corazón más grande que el Maracaná. Basando su grandeza en su formación académica como abogado, formando una leyenda desde el periodismo deportivo, cultivando un campo del que debemos ir a recoger sus frutos aún dulces.  Quizás ya no tengamos la dicha de escuchar sus pensamientos, pero como él mismo declamaba con fervor, las ráfagas de su luz, ahora serán flores, simbolizando vida.


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